Una ramita débil,
sin presencia en el aire
apenas,
línea sutil y quebrada,
calle desnuda sin luz,
hogar de una lágrima.
Al final de ella,
un rumor cálido,
lloroso,
tras los muñones
rugosos y agotados
de sus yemas.
Emoción,
silencio.
¿Por qué?
Una hoja
madura de luz otoñal,
como una gran lengua
sedienta,
al seno de la tierra fría
se arroja.
El viento,
desdeñoso,
ausente.
Apenas
un leve y tibio sol;
tampoco pájaros.
Desconcierto,
soledad
tras mis pasos.
TE INVITO A VISITAR
OTROS ENLACES DE INTERÉS
VERSO LIBRE
domingo, 10 de mayo de 2009
ROSAS BLANCAS
Alzo la sábana
como si de una invitación al encuentro se tratara
y te digo: Ven.
Los ojos del silencio contemplan la estancia
mientras inicias despacio tu desnudez.
Tu cuerpo esbelto se insinúa
entre hebras de luz parpadeantes, tembloroso.
Caminas hasta mí como una vestal,
sin mancha alguna, inmaculada,
nerviosa por violar tu compromiso.
Ya compartes el lecho.
Me acerco a ti.
Los primeros gestos
son mis manos ardorosas circundándote,
hasta llegar a esas islas aún sin explorar.
Los labios y mi lengua se encaraman
a tus piernas marfileñas
y tersos muslos prolongados,
avenidas firmes que sostienen el templo
-aún oculto su recinto-
que albergan mis deseos,
crisol,
mar donde mi vida busca derramarse
horadando las simas más profundas.
Jadeante, me dejas hacer.
Semejantes a ríos despeñados,
roncos, entre espuma embravecida,
asilados en el mundo de los sueños,
atizamos nuestro fuego
hasta que las brasas anotan su cansancio.
En los meandros de estas corrientes agotadas
se dibujan, recién nacidas,
rosas blancas despeinadas
decorando el tapiz de nuestro cuerpo.
como si de una invitación al encuentro se tratara
y te digo: Ven.
Los ojos del silencio contemplan la estancia
mientras inicias despacio tu desnudez.
Tu cuerpo esbelto se insinúa
entre hebras de luz parpadeantes, tembloroso.
Caminas hasta mí como una vestal,
sin mancha alguna, inmaculada,
nerviosa por violar tu compromiso.
Ya compartes el lecho.
Me acerco a ti.
Los primeros gestos
son mis manos ardorosas circundándote,
hasta llegar a esas islas aún sin explorar.
Los labios y mi lengua se encaraman
a tus piernas marfileñas
y tersos muslos prolongados,
avenidas firmes que sostienen el templo
-aún oculto su recinto-
que albergan mis deseos,
crisol,
mar donde mi vida busca derramarse
horadando las simas más profundas.
Jadeante, me dejas hacer.
Semejantes a ríos despeñados,
roncos, entre espuma embravecida,
asilados en el mundo de los sueños,
atizamos nuestro fuego
hasta que las brasas anotan su cansancio.
En los meandros de estas corrientes agotadas
se dibujan, recién nacidas,
rosas blancas despeinadas
decorando el tapiz de nuestro cuerpo.
¿LO COGES?
Te decía
que dejé atrás muchas cosas:
hijos alejados ya del afecto
un álbum de cuerpos hermosos
cuyo recuerdo todavía
hace temblar mis manos rugosas;
nerviosos ríos y caminos descubiertos
por mí,
que todavía viven libres.
¡…Y muchos años escapados de mi alma!
Qué has hecho hoy, con quién has comido…
me dice mientras vuelve a su habitación.
Así todos los días.
Casado con no sé quién,
ocupamos la misma casa
(“Soledad” la llamo)
y dormimos juntos,
-sí-
tal vez más de veinte años.
Nos turnamos los bostezos
pues hay pacto de no agresión.
La limpieza del hogar para nadie;
(suelo bajar la basura)
¿Ahora?
Junto a la televisión
en nuestro viejo sofá.
Dan las últimas noticias.
Escucho.
La prensa,
lo de siempre.
Abro la sección de deportes.
Gritos en la calle;
mañana serán los mismos (gritos).
Me desperezo antes de ir a la ducha.
¿Hay algo para la cena?
Nadie responde.
Me levanto.
Suena el teléfono. ¿Lo coges?
que dejé atrás muchas cosas:
hijos alejados ya del afecto
un álbum de cuerpos hermosos
cuyo recuerdo todavía
hace temblar mis manos rugosas;
nerviosos ríos y caminos descubiertos
por mí,
que todavía viven libres.
¡…Y muchos años escapados de mi alma!
Qué has hecho hoy, con quién has comido…
me dice mientras vuelve a su habitación.
Así todos los días.
Casado con no sé quién,
ocupamos la misma casa
(“Soledad” la llamo)
y dormimos juntos,
-sí-
tal vez más de veinte años.
Nos turnamos los bostezos
pues hay pacto de no agresión.
La limpieza del hogar para nadie;
(suelo bajar la basura)
¿Ahora?
Junto a la televisión
en nuestro viejo sofá.
Dan las últimas noticias.
Escucho.
La prensa,
lo de siempre.
Abro la sección de deportes.
Gritos en la calle;
mañana serán los mismos (gritos).
Me desperezo antes de ir a la ducha.
¿Hay algo para la cena?
Nadie responde.
Me levanto.
Suena el teléfono. ¿Lo coges?
AMANECER
Te veo
abriendo mis ojos a la luz
recién brotado el día.
Miro tus labios,
alcoba de mis secretos,
pequeño palomar,
cuenco de tu voz.
Esos ojos
donde tú y yo
nos reconocemos,
aposento de mis sueños,
nenúfares que quiebran
la soledad del lago,
siempre llenos de ti.
Pero es tu cuerpo
donde me vacío
la llama
que llega a mis brazos
y enciende el amanecer.
Abro mi lecho
testigo del cansancio
de los caminos andados;
y en mi primera plegaria
saludo al nuevo día
recuperándolo,
habitándolo
de cantos y colores
y de pasos
sintiéndome humano
sobre el suelo.
Todo es nuevo;
ya el ayer quedó encerrado
en un ocaso sin retorno.
Empiezo a caminar.
abriendo mis ojos a la luz
recién brotado el día.
Miro tus labios,
alcoba de mis secretos,
pequeño palomar,
cuenco de tu voz.
Esos ojos
donde tú y yo
nos reconocemos,
aposento de mis sueños,
nenúfares que quiebran
la soledad del lago,
siempre llenos de ti.
Pero es tu cuerpo
donde me vacío
la llama
que llega a mis brazos
y enciende el amanecer.
Abro mi lecho
testigo del cansancio
de los caminos andados;
y en mi primera plegaria
saludo al nuevo día
recuperándolo,
habitándolo
de cantos y colores
y de pasos
sintiéndome humano
sobre el suelo.
Todo es nuevo;
ya el ayer quedó encerrado
en un ocaso sin retorno.
Empiezo a caminar.
AIRE
¿Hay algo ajeno a ti?
Tu pecho alado lo puebla todo.
¿Dónde tus raíces?
Pálpito que alienta nuestro paso,
magma que lo hace crecer
desde tu celda de cristal acuoso
salida de los mares.
¿Con qué llave aprisionas
la materia que nos lleva,
trae, nos ata,
nos ondula
en las mareas de tus viajes
como copo de nieve
navegando en ese océano
negro sin luces ni sonidos?
Jugamos en torno tuyo
(tren desbocado lleno de preguntas
en siderales espacios aparcado)
de forma macabra y pervertida,
dentro de ti,
habitación cerrada,
al corro con infinitas estrellas;
juego que tiene sólo un final,
sólo uno.
Ni siquiera tú lo sabes.
Porque dinos:
después, cuando tú
de nuestro cuerpo te alejes
¿dónde seguimos despiertos?;
¿o quedamos convertidos
en hojas secas estériles
amortajadas,
volteadas y sin rumbo?
¿Y mis palabras,
seguirán en tu presidio?
Tu pecho alado lo puebla todo.
¿Dónde tus raíces?
Pálpito que alienta nuestro paso,
magma que lo hace crecer
desde tu celda de cristal acuoso
salida de los mares.
¿Con qué llave aprisionas
la materia que nos lleva,
trae, nos ata,
nos ondula
en las mareas de tus viajes
como copo de nieve
navegando en ese océano
negro sin luces ni sonidos?
Jugamos en torno tuyo
(tren desbocado lleno de preguntas
en siderales espacios aparcado)
de forma macabra y pervertida,
dentro de ti,
habitación cerrada,
al corro con infinitas estrellas;
juego que tiene sólo un final,
sólo uno.
Ni siquiera tú lo sabes.
Porque dinos:
después, cuando tú
de nuestro cuerpo te alejes
¿dónde seguimos despiertos?;
¿o quedamos convertidos
en hojas secas estériles
amortajadas,
volteadas y sin rumbo?
¿Y mis palabras,
seguirán en tu presidio?
SED
Mira mi sed
-sed de ti-
de tus versos
y tus pasos
sed de tus ojos
de quedarme en ellos
como playas
en la arena de los míos
de ese cuerpo
sed de locuras tengo
que sólo mi cuerpo
entiende
a tu cintura miro
con sed de apresarla
y de esconderla
entre mis brazos
de tus labios
ardo de sed
déjalos sellarse
con los míos
y mis manos
como lenguas
alocadas de sed
recorriéndote
subiendo
hasta tus balcones
donde mi sed
se calma
bajando
hasta tu volcán
donde mi sed
se enciende
lléname de sed
-de ti de sed-
con tus versos de amor
para siempre
Mira mi sed
-sed de ti-
de tus versos
y tus pasos
sed de tus ojos
de quedarme en ellos
como playas
en la arena de los míos
de ese cuerpo
sed de locuras tengo
que sólo mi cuerpo
entiende
a tu cintura miro
con sed de apresarla
y de esconderla
entre mis brazos
de tus labios
ardo de sed
déjalos sellarse
con los míos
y mis manos
como lenguas
alocadas de sed
recorriéndote
subiendo
hasta tus balcones
donde mi sed
se calma
bajando
hasta tu volcán
donde mi sed
se enciende
lléname de sed
-de ti de sed-
con tus versos de amor
para siempre
¿POR QUÉ TE HAS IDO?
Te irás alocada como esa nube esquiva
sin vergüenza perseguida por vientos aduladores
hasta sentirse muerta reventando en llorosa lluvia...
y te esconderás, amor, en cualquier rincón
de esas calles infinitas, oscuras y malolientes
que sólo acogen los ecos de los pasos somnolientos
y perdidos...
¿huyendo de quién?
hasta aquella rosa recién cortada
que cogí para ti y en tu ojal prendiste
va dejando caer, dormidos, sus primeros pétalos
mientras estos brazos son antorchas todavía.
sin vergüenza perseguida por vientos aduladores
hasta sentirse muerta reventando en llorosa lluvia...
y te esconderás, amor, en cualquier rincón
de esas calles infinitas, oscuras y malolientes
que sólo acogen los ecos de los pasos somnolientos
y perdidos...
¿huyendo de quién?
hasta aquella rosa recién cortada
que cogí para ti y en tu ojal prendiste
va dejando caer, dormidos, sus primeros pétalos
mientras estos brazos son antorchas todavía.
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